En España hay alrededor de 2,5 millones de mujeres que sufren síntomas relacionados con la menopausia pero menos de un 1% utilizan actualmente una terapia hormonal, lo que convierte a España en el país europeo con un uso más bajo de estos tratamientos.

Así lo ha denunciado el presidente de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), Plácido Llaneza, que critica la “hormonofobia” de muchos pacientes y profesionales sanitarios a pesar de que al menos un 20% podría beneficiarse de estas terapias dada la gravedad de sus síntomas.

Esta sociedad científica ha presentado este jueves una nueva guía de práctica clínica que incluye la recomendación de un nuevo tratamiento hormonal libre de gestágenos que acaba de obtener financiación pública en España y “aporta más seguridad y eficacia” al abordaje de la menopausia, ha añadido Rafael Sánchez Borrego, presidente de la Fundación Española para el Estudio de la Menopausia (FEEM), que confía en que su lanzamiento sirva para remontar el elevado “infratratamiento” que hay en España.

Hasta finales de los años 90 en torno al 13% de las mujeres con síntomas recibían terapia hormonal para minimizar los síntomas de la menopausia, desde sofocos, insomnio a problemas vaginales o trastornos osteoarticulares.

Pero la aparición de estudios que la vincularon a un mayor riesgo de cáncer de mama, una asociación descartada posteriormente con nuevas investigaciones, redujo su uso y la mayoría de afectadas han pasado a “normalizar” estos síntomas. “Lo ven como algo natural que deben sobrellevar”, ha reconocido.

Aunque el rechazo a estos tratamientos se produjo a nivel global, Sánchez Borrego ha reconocido que en otros países se usa más que en España, sobre todo en Alemania o los países nórdicos, donde la reciben hasta el 13% de las mujeres con menopausia, mientras que en otros como Francia el porcentaje es algo inferior (12%) y en Portugal o Italia está en torno al 7-8%.

Algunas de las mujeres con síntomas más graves que rechazan la terapia hormonal sí que buscan un “remedio” en terapias naturales o alternativas, pero “la falta de una eficacia tan demostrada hace que al final las acaben abandonando”.

Además, a los falsos mitos sobre el tratamiento hay que sumar el hecho de que muchas mujeres no acudan al médico por los síntomas relacionados con la menopausia, sobre todo los relacionados con la función sexual, “por miedo o vergüenza”, según ha lamentado este experto.

A ello tampoco ayuda que hayan desaparecido prácticamente todas las unidades específicas que se crearon en los hospitales españoles en los años del “boom” de la menopausia, sin que existan programas de salud específicos para atender este problema como cualquier otro proceso fisiológico de la mujer.

Estas unidades hospitalarias, ha relatado Sánchez Borrego, estaban formadas por equipos multidisciplinares y ayudaban a evitar los riesgos de salud de las mujeres a partir de los 40 años. “Cuando se crearon recibieron un aluvión de pacientes y estaban desbordadas”, ha recordado este experto, lamentando que con la hormonofobia y los recortes de los últimos años se han ido cerrando.

Por ello, la AEEM y la FEEM piden mejorar la formación de los profesionales sanitarios en este ámbito, para que “actualicen” sus conocimientos sobre las terapias actuales, y crear programas integrales que permitan reducir los riesgos de salud tras el cese de la función ovárica.

La menopausia puede darse entre los 45 y los 55 años, por ello recomiendan comenzar a actuar desde la perimenopausia con programas que incluyan pruebas de cribado para contribuir a evitar el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la osteoporosis.

Asimismo, proponen extender el uso de la terapia hormonal libre de gestágenos como la más segura y recomendable para combatir los síntomas de la menopausia, que ya está recomendada en mujeres con útero que lleven un año sin menstruación y no tengan riesgo de trombosis venosa.

A diferencia de la terapia hormonal clásica, actúa de manera selectiva sobre el endometrio, lo que ayuda a combatir los síntomas de la menopausia y a prevenir la osteoporosis de manera segura, según Sánchez Borrego.